Medicina tradicional para enfrentar al covid y a la ignorancia

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¿Qué se está haciendo en Bolivia para atender la crisis sanitaria?
¿Cuál es el plan de salud planteado por el gobierno transitorio durante y después de la pandemia COVID-19?
¿Qué se está haciendo en Bolivia para atender la crisis sanitaria?
¿Cuál es el plan de salud planteado por el gobierno transitorio durante y después de la pandemia COVID-19?

En fecha 24 de julio de 2020 el Ministro de Gobierno de Bolivia, Arturo Murillo, en conferencia de prensa manifestó “tenemos mucha gente irresponsable en las calles que no obedecen las instrucciones que se les da, pero especialmente tenemos políticos irresponsables que, con mentiras y con cuentos, sacan a la gente indicándoles que esta maldita enfermedad es un invento y se cura con Wira Wira; no es así, este es un virus se cura con inteligencia, no se cura con estupideces”.

A partir de lo manifestado por dicho personaje considerar el uso de las plantas medicinales como “algo estúpido” rebasa los límites de la ignorancia de quienes gobiernan el Estado Plurinacional de Bolivia y demuestra un desconocimiento de la Constitución Política del Estado, siendo que en el Artículo 35 reconoce que “el sistema de salud es único e incluyente a la medicina tradicional de las Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesino”. De igual manera, el Artículo 42 indica “promover y garantizar el respeto, uso, investigación y práctica de la medicina tradicional […] la promoción de la medicina tradicional incorporar el registro de medicamentos naturales y de sus principios activos, como la protección de su conocimiento como propiedad intelectual, histórica, cultural y como patrimonio de las Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos”. Por su parte, el año 2013 se promulgó la Ley 459 de la “Medicina Tradicional Ancestral” que reconoce a las y los médicos tradicionales, amautas, parteras y parteros, naturistas por sus conocimientos y prácticas tradicionales que se expresan en todas sus formas, modalidades y procedimientos terapéuticos, además, existen normativas internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) que en la declaración de Alma Atta, de 1979, invita a los países miembros a aprovechar los conocimientos en medicina tradicional. Al igual que la Organización Internacional del Trabajo (OIT-1989) el Convenio 169 que en su Artículo 25 reconoce el derecho a la salud y el ejercicio de sus medicinas.

En ese marco, la OMS para esta última década creó una segunda estrategia de salud sobre medicina tradicional 2014-2023, con dos objetivos principales como son: 1) prestar apoyo a los Estados Miembros para que aprovechen la posible contribución de la medicina tradicional a la salud, el bienestar y la atención de salud centrada en las personas y 2) promover la utilización segura y eficaz de la medicina tradicional mediante la reglamentación de productos, prácticas y profesionales. 

Ahora bien, en tiempos de una pandemia mundial, cabe preguntarse ¿Qué se está haciendo en Bolivia para atender la crisis sanitaria?, ¿Cuál es el plan de salud planteado por el gobierno transitorio durante y después de la pandemia Covid-19?, ¿Qué políticas de salud desde la medicina tradicional se tiene para enfrentar la pandemia del COVID-19 en Bolivia?, ¿Qué medidas de control, contabilización, registro y seguimiento se está desarrollando para conocer la cantidad exacta de personas infectadas y personas fallecidas? Considerando que según el observatorio del COVID-19 en su informe epidemiológico de fecha 31 de julio del presente año, registra un total de 76.789 confirmados, 73.681descartados, 23.582 recuperados, 2.977 decesos y un total de 14.959 sospechosos. Estos datos son inciertos y poco confiables precisamente por la ausencia de un plan de salud por parte del gobierno transitorio. Mucha gente de las diferentes regiones de Bolivia, ciudades, localidades, comunidades y pueblos no tienen la posibilidad de transitar de manera segura de un lugar a otro, precisamente por las propias normas de controlhasta ahora desarrolladas por el gobierno, además de que la población no tiene los recursos económicos para hacerse una prueba COVID-19 justamente por la falta de un plan de emergencia de resguardo laboral.

En esa travesía durante este primer semestre del año, los casos de personas infectadas y personas fallecidas se incrementaron de manera alarmante, lo que no refleja los datos de registro epidemiológico del COVID-19 del gobierno nacional. Las ausencias de políticas de salud, de información y de un claro manipuleo de la pandemia dado por el gobierno transitorio, ha llevado a que el ciudadano de a pie opte por recurrir a la medicina tradicional.

En esta situación “adversa” y paradójica, cuando existe una serie de respaldos normativos que sugieren recurrir a la medicina tradicional y fundamentalmente, cuando la  población pide a gritos salvar la vida de sus seres queridos, es que cobra vigencia el uso de la medicina tradicional como la Wira Wira, el Eucalipto, el Matico entre otras plantas medicinales como: legumbres, semillas y elementos naturales que comienzan a ser útiles en la prevención y tratamiento del COVID-19. Es la medicina tradicional la que hoy está dando nuevamente la batalla por salvar vidas reactivándose con ella los saberes ancestrales transmitidos de generación en generación, práctica que requiere saber combinar, saber aplicar y saber tratar la enfermedad, ciencia que también consta de protocolos y procedimientos propios de cada pueblo y cada médico tradicional que la ejerce.

En consecuencia, la población ve en la medicina tradicional una opción sana y económica para resguardar la vida, es una opción beneficiosa que permita prevenir y tratar la pandemia COVID-19. Lo que reafirma una vez más, que Bolivia es el segundo país, después de China, reconocido a nivel internacional como la cuna de la medicina tradicional.

Entonces mencionar que el saber, conocer y ejercer la medicina tradicional es una estupidez no solo muestra un desprecio a quienes están aplicando este saber, sino también es un menosprecio al país en su conjunto, de quienes hoy creen que tienen la verdad e inteligencia para enfrentar la pandemia del COVID-19, sin tener aún algún plan de salud pública eficiente que demuestre lo contrario con total indolencia y desinterés por dar respuestas a la población que sufre y muere cada día; habiendo, más bien, aprovechado esta crisis para llevar a cabo hechos de corrupción vinculados a temas de salud, lo cual termina de cerrar el ciclo de una gestión totalmente deficiente, irresponsable y soberbia, no solo en salud sino, en todos los ámbitos de la gestión gubernamental.