Desde el pueblo y para el pueblo

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¿Cuál es el camino de la democracia en Bolivia luego del 18 de octubre?
¿Cómo era la democracia y la política antes del Proceso de Cambio?
¿Cuál es el camino de la democracia en Bolivia luego del 18 de octubre?
¿Cómo era la democracia y la política antes del Proceso de Cambio?

Durante años nos creímos la historia del mestizaje, de la ciudadanía y la bolivianidad como si fuera una masa homogénea de gentes iguales, que hablaban el mismo idioma y tenían las mismas creencias; bajo ese discurso se invisibilizó al 70 % de nuestra población. Se construyó un país que, en busca del “progreso”, tenía que eliminar al “otro”, al diferente, al “salvaje”, al “ignorante”. Así se construyó la política, la “democracia”, las representaciones en el Congreso y en todos los espacios públicos de poder, ignorando y excluyendo a gran parte de la población.

Con la instauración de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), hito histórico en Bolivia, por primera vez en 500 años de colonización, más de 180 años de República y 30 años de “democracia”, se buscó un diálogo entre todos los sectores. El proceso constituyente les dio voz a los pueblos indígenas, a las mujeres, a los sectores obreros y organizaciones sociales, históricamente silenciados y excluidos. No solo en la elección de sus representantes, sino también en el simbólico social de la participación política, se logró el reconocimiento de las naciones y pueblos indígenas originarios, del multiculturalismo y la plurinacionalidad.

Con la Constitución Política del Estado Plurinacional (CPE) se concretó la lucha de nuestro pueblo, de verse representado y tener una participación efectiva en los espacios de poder. Gracias a la Ley 421, de Distribución de Escaños entre Departamentos, se logró de alguna forma equiparar la presencia en el Legislativo de muchas naciones y pueblos originarios, que no podrían haber sido representados en la construcción de la nueva Bolivia, por no ser considerados representativos en número, para tener voz.

Los primeros años vimos cómo nuestra Asamblea se llenaba de polleras y sombreros, de plumas, aguayos y una gran variedad de tejidos típicos, que nos mostraron que nuestra Bolivia Plurinacional existía y se reflejaba en los representantes. Fue un gran avance para la institucionalización del reconocimiento de la diversidad, del Ser boliviano desde la plurinacionalidad, aunque muchos, con las añoranzas del pasado y falsos discursos de progreso, aún lo quieran negar y quieran volver a los tiempos de la invisibilización y exclusión del otro, del “indio”.

A pesar de ello, vimos año tras año el desgaste de nuestros logros. La necesidad de “equilibrio” de poder por parte de los gobernantes que, para mantener una “gobernabilidad” que las organizaciones no habíamos pedido, comenzó a invitar a “otros” que, en su oportunismo, se llenaron la boca del Vivir Bien, cuando solo buscaban beneficios propios, o dirigentes indígenas y obreros que, ocupando ese espacio con toda la legitimidad representativa, se alejaron del pueblo, de sus bases, por dejarse consumir por la burocracia estatal del Legislativo, donde perdimos la parte esencial de lo que habíamos soñado y construido con tanto esfuerzo; gobernar obedeciendo desde el pueblo y para el pueblo. “Volver a las bases”, para consultar, para construir y para informar.

Necesitamos profundizar las formas democráticas de nuestro país, desde el feminismo comunitario planteamos que el Estado Plurinacional debe servir para caminar hacia la construcción de la comunidad y la comunidad de comunidades. Para transitar en este “nuevo” Estado tenemos que asumir la tarea de construir una democracia comunitaria, alternativa a la democracia burguesa.

Mientras tanto, en el juego democrático actual, sabemos que la única forma de lograr el gobierno del pueblo es a través del Movimiento Al Socialismo–Instrumento Para la Soberanía del Pueblo (MAS-IPSP), al ser el instrumento del pueblo, de las organizaciones sociales.

Si el MAS-IPSP gana las elecciones nacionales del 18 de octubre, los siguientes representantes del Gobierno están obligados a construir un país más inclusivo, que consulte al pueblo y sobre todo se nutra de las necesidades del pueblo, de todos los rincones del país. Tanto el Ejecutivo, como el Legislativo y demás órganos del Estado deberán crear espacios de debate y discusión nacional. Que se respete la elección libre de representantes y que deje de instrumentalizar la confianza de nuestras organizaciones, que no traicionen nuestras luchas por la despatriarcalización, la descolonización, la soberanía y el Vivir Bien.

Por: Maya Verazaín y América Maceda (septiembre de 2020)