Adriana Salvatierra: “El golpe de Estado le está pasando factura a los bolivianos”

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¿Cuánto ha costado al pueblo boliviano este gobierno autoproclamado?
¿Qué errores ya no debe volver a cometer el Movimiento Al Socialismo?
¿Cuánto ha costado al pueblo boliviano este gobierno autoproclamado?
¿Qué errores ya no debe volver a cometer el Movimiento Al Socialismo?

La destacada líder juvenil del Movimiento Al Socialismo señala que con Luis Arce y David Choquehuanca, el MAS cumple con todas las condiciones para ganar las elecciones presidenciales del próximo 18 de octubre, porque los bolivianos “saben lo que tenían y cuánto sufrieron en estos nueve meses de gobierno”. Y asevera: “Cometimos errores, pero seguimos siendo lo mejor que ha pasado en la historia de nuestro país”.

– La pandemia y la crisis de salud no hacen más que resaltar y profundizar las características de un gobierno que no es fruto de la voluntad popular, sino de un golpe. Es un gobierno que surge de la improvisación. Y el problema es que si la improvisación, en tiempos normales, puede cobrar una factura política, en tiempos de crisis sanitaria cobra una factura que implica muchas vidas humanas. En cifras oficiales ya hay más de 4.500 muertos, muertes que ni siquiera se contaban hasta hace poco. El primer caso de coronavirus apareció el 10 de marzo, pero solo el 6 de agosto, cinco meses después, el gobierno anunció que distribuiría 150.000 kits de medicamentos de brigadas médicas. Ha habido casos de corrupción que han manchado la administración de la crisis sanitaria. Hay inestabilidad en la gestión que acompañó a los nueve meses de gobierno: tres ministros de salud diferentes, dos ministros de economía, dos ministros de planificación. Hay tensión y una crisis permanente en un gabinete que no tiene posibilidades reales de enfrentar al COVID-19. El golpe de Estado le está pasando factura a los bolivianos. No hay planificación, no asumen sus responsabilidades y la traspasan a los gobiernos locales, por eso faltan medicamentos, falta la gestión pública y ahora, finalmente, aparecen actos de corrupción.

Luis Arce y David Choquehuanca, candidatos del MAS a la presidencia y vicepresidente de Bolivia, conversaron con nosotros y destacaron el rol del Estado en el desarrollo, fortaleciendo la inversión pública, asegurando recursos para impulsar la educación, la ciencia y la tecnología, y en ese punto, la relevancia del litio. En este contexto, ¿cómo ve la declaración de Elon Musk de Tesla de que golpearán a quien quieran?

-Es obvio que afectamos los intereses geopolíticos. Tesla [Elon Musk] posee 76 mil millones de dólares en activos y el Producto Interno Bruto de Bolivia es de 42,5 mil millones de dólares. Estamos diciendo que el propietario de Tesla tiene en sus cuentas bancarias aproximadamente 34 mil millones de dólares más que todos los recursos económicos que utilizamos en nuestro país. Eso quiere decir, de una manera sencilla, que este hombre tiene casi dos bolivias en sus cuentas bancarias. Pues bien, este pequeño país decidió ejercer su soberanía sobre sus recursos naturales. En 2018 había llegado a un acuerdo con la empresa alemana Acisa (ACI Systems Alemania), que había sido el principal proveedor de baterías para vehículos eléctricos, precisamente la mayor empresa la dirige el dueño de Tesla, una transnacional de capital norteamericano. Pero como ninguno de estos procesos garantizaba la transferencia de tecnología y la soberanía en el desarrollo e industrialización del litio, decidimos que íbamos a firmar un acuerdo con China que implicaba una inversión de 2.300 millones de dólares para industrializarlo. A principios de 2019, cuando se produce la firma del acuerdo, el embajador chino dice: este es un día histórico porque a partir de ahora China se convertirá en el mayor productor de vehículos eléctricos del mundo y Bolivia tendrá garantizado un mercado para los próximos 50 años.

Si vuelve la democracia y el MAS llega al gobierno, ¿qué errores cree que no se podrían volver a cometer?

-Claro que cometimos errores, pero también tuvimos grandes aciertos. La gente, en nueve meses de gobierno de Áñez, ya puede comparar. Perdimos compañeros en el camino, en un proceso que implicó encarcelamiento, persecución política y asesinatos. Tuvimos un aprendizaje duro, en un período muy corto. Nuestra primera debilidad fue la burocratización, que los movimientos sociales en su crítica llamaron ‘desapego’, que no en la relación del presidente Evo con ellos, sino de los máximos dirigentes de las organizaciones sociales con las bases. Además, la conducta política recaía sobre un socio que tenía un rol específico en el gobierno, cuando la conducta política no debía estar desvinculada de la organización social.

Hace cinco años América Latina tenía una serie de gobiernos progresistas y hoy el panorama es desalentador: el surgimiento de una ultraderecha con características neofascistas, como en Brasil e incluso en Bolivia. ¿Cómo cree que se puede revertir esta situación, luego de tantos golpes exitosos en la región?

– Hay intereses geopolíticos de fondo y hay una emergencia de un elemento no menor que es el uso de la religión como la construcción de una identidad demográfica del poder, que es lo que enfrentamos en algunos países de Centroamérica, en Brasil y en Bolivia. El uso de los contrastes, lo campesino, lo indígena, lo originario, el uso de la wiphala versus lo que nos plantea la ultraderecha en Bolivia que es el uso de la religión, el uso de la Biblia entrando al Palacio (de Gobierno), el retorno a la República. Son construcciones de un imaginario que pretenden retornar a las épocas más oscuras que enfrentamos en nuestro país y que generaron grandes niveles de exclusión. En Bolivia nos damos cuenta que además del uso de la religión el proyecto que continúa imponiéndose en los países que sufrimos la desestabilización y los golpes de Estado sigue siendo la reducción de la participación del Estado en la economía, en la salud, la educación, priorización de vínculo con el sector militar y empresarial, en contraposición del vínculo con los movimientos sociales.

Hemos notado que en Brasil las noticias sobre Bolivia desaparecieron de los medios tradicionales durante el período de la pandemia. ¿Por qué cree que esto suceda y cuál sería su papel en el surgimiento de este tipo de conservadurismo en el continente? ¿Qué espera del futuro de Bolivia?

– El papel de los medios de comunicación fue clave para el acontecimiento de toda esta situación de la que venimos hablando desde el principio, cuando mencionamos las primeras fases de la construcción de la narrativa del fraude, legitimada a partir de operaciones de comunicación. Estas operaciones no solo se articularon en este caso, también lo vimos en 2016 cuando incluso le inventaron un hijo del presidente Evo para inducir la derrota electoral en un referéndum. Entonces ves que obviamente hay una articulación, una agenda para endulzar la información y hay, por supuesto, intereses comunes, entre las grandes corporaciones mediáticas que obedecen, reproducen y fortalecen los privilegios de las clases dominantes en nuestro país, y están a su lado. Es importante comprender esto a partir del surgimiento de las redes sociales y los mecanismos alternativos de información, que pueden llegar a todos los rincones con la construcción de estas otras verdades que se están conociendo.

Con base en el texto publicado por: Leonardo Wexell (Hora do Povo, Brasil), Mariano Vázquez (Internacionales CTA Autónoma y Canal Abierto), Nicolás Honigesz (CTA-A Capital Federal) y Raphael Sanz (Correio da Cidadania, Brasil).